Introducción:
De manera casi inesperada, tanto lectores como televidentes nos encontramos hace un par de años con esta creación que ha venido acaparando nuestra atención y que nos ha atrapado en sus redes. Luego del auge obtenido por las producciones fílmicas que llevaron a la pantalla la obra de Tolkien, con lo cual muchos de nosotros hicimos la correspondiente retrospectiva hacia las novelas, escritas varios lustros en el pasado, surge la obra de este norteamericano, que ha desbordado todas las expectativas de venta y que ha dado lugar a una superproducción televisiva de varias temporadas.
Con gran habilidad narrativa, el autor nos ha ido sumergiendo en un mundo extraño, en el que cabe esperar que ocurra toda clase de acontecimientos en los que se mezclan una realidad que puede llegar a ser sobrecogedora y unos hechos fantásticos que evocan ciertos antiguos relatos en los que magos, hechiceros y seres comunes y corrientes interactuaban y vivían sus vidas rodeados de un mundo oscuro en el que la emoción más frecuente era el temor. Quienes estén en disposición de recordar la famosa serie de la “Dimensión Desconocida”, no encontrarán en el contexto de esta obra monumental mayores diferencias con los sucesos que se desarrollaban en la pantalla chica, en los que hechos inexplicables llevaban a los personajes a los límites de la cordura, causando al mismo tiempo en los tele-espectadores abundantes dosis de asombro y fascinación. No ha de extrañarnos, por lo tanto, saber que George Martin era el guionista de la mencionada serie. Tal es la trayectoria de quien hoy ha inundado el mercado literario con sus obras y ha dado lugar a que se lleve a cabo uno de los proyectos fílmicos más costosos de la historia.
La Ambientación:
El autor se ha dado a la tarea de diseñar un mundo alterno y distinto del que conocemos para el desarrollo de los acontecimientos. Co-existen en él diversos tipos de regiones con una variada gama de características geográficas, condiciones climáticas y habitantes que se comunican en distintas lenguas. La época seleccionada es un período oscuro que bien podríamos equiparar con la Alta Edad Media, si bien no todos los rasgos que caracterizaron tal momento histórico se hallan presentes. En lugar de ello, otras circunstancias se han empleado como sustitutos, aunque la estructura feudal, con su rey, sus barones vasallos, que son los dueños de la tierra y el pueblo raso, inculto, desharrapado y al borde de la inanición, se mantienen como motivos histórico-literarios predominantes.
Pero tanto quienes hayan adquirido un conocimiento más o menos exhaustivo del período medieval, como aquellos otros que carezcan de datos históricos detallados, podrán encontrar un inmejorable parangón en esa escalofriante orgía de crímenes, sangre, pasiones desatadas y traición en que navega la trama. El ser humano se nos muestra aquí de manera escueta, aquejado de los mismos vicios que ya conocemos, pero elevados a un grado superlativo. Intriga, ambición, soberbia y bajos instintos, todo ello enmarcado en una desmedida ansia de poder y de riquezas, son los engranajes en que se mueven los personajes en su deambular por la saga.
La sociedad que se nos muestra es de carácter total y absolutamente patriarcal. Son los hombres quienes llevan la voz cantante y los personajes femeninos, aún aquellos con gran entereza de carácter, se ven notablemente disminuidos frente a los varones de su entorno, casi todos ellos avasalladores e impositivos, y que no vacilan en llegar a oprobiosos extremos de abuso físico y emocional contra sus mujeres, reducidas las más a simples objetos sexuales que se tienen al alcance, se poseen y se desechan. La incontable cantidad de hijos bastardos engendrados por los señores (por supuesto), hecho tolerado y asumido como aceptable en el contexto, es apenas una muestra de tal situación. Las mujeres, a su vez y con solo alguna que otra excepción, asumen su papel de sometimiento. Son los hombres de sus familias quienes deciden por ellas, determinan su destino, eligen a quienes han de ser sus maridos o las toman como amantes para su personal satisfacción. El único valor que llegan a tener es el de sus familias, sus tierras y demás posesiones, que pueden eventualmente resultar atractivas para constituir alianzas, adueñarse de valiosos dominios o acrecentar la fortuna personal de un varón. El componente sexual viene a ser tan solo un añadido que poco o nada desvela a su nuevo amo, puesto que él tiene a su disposición cuantas figuras femeninas desee de las que se hallan a su alcance.
De manera adicional hemos de afirmar que el autor ha logrado crear un medio ambiente abundante en detalles. Las familias que conforman el Reino del Poniente han sido descritas de manera magistral y su localización territorial es de una precisión a toda prueba, como puede apreciarlo quien se tome la molestia de alternar la lectura con frecuentes miradas a los mapas que cada volumen pone a nuestra disposición. Así mismo, es sorprendente y muy ilustrativa la pormenorizada observación que se hace de la heráldica; la descripción de los blasones con sus imágenes, colores, tamaños e importancia contribuye a enriquecer la lectura, si bien en ocasiones la imaginación del lector puede llegar a sentirse un tanto abrumada frente a las minucias que se le presentan. El mundo es boscoso, por no decir casi selvático. Los elementos vienen a ser un adversario poderoso contra el cual no hay protección posible; especialmente el invierno, cuya proximidad es constantemente referida con soterrado temor. El ciclo de estaciones no tiene nada que ver con lo que conocemos. Cada una de ellas tiene una duración imprecisa, al parecer aleatoria, y puede variar entre unos meses y varios años.
En contraste, las condiciones que se viven en las llamadas «ciudades libres» marcan una diferencia crucial. El clima es desértico y tropical y las altas temperaturas son una amenaza constante. Cada urbe se desenvuelve de manera autónoma e independiente, sin que exista un soberano al cual deban obediencia. La vida sigue su curso de manera más o menos caótica y, al igual que en el Reino, los poderosos mantienen e incrementan sus fortunas a costa de la explotación de sus congéneres. También aquí tienen lugar aterradoras exhibiciones de crueldad, sin que nada ni nadie parezca estar dispuesto a suscitar ni permitir un cambio. Es por ello que la presencia de Daeneris, con su mentalidad libertaria y, hasta cierto punto de vista progresista, será mirada como una intrusión inadmisible.
Un aspecto curioso de la ambientación de la obra es aquel referente a las deidades. Al parecer desde mucho tiempo atrás, el Reino ha tenido como tutelares a los Siete. Los sacerdotes son, por lo tanto, “septones” y su líder en rango y jerarquía es el Septón Supremo, radicado en el que, a tal efecto, se denomina el Septo de Baelor, cuyo poder puede llegar a ser equiparable al del soberano, como bien podrá dar fe Cersei. Pero no son las únicas divinidades veneradas. Comparten el culto con varios otros entes sobrenaturales entre los que se cuentan el Dios Ahogado y el Señor de la Luz. Allende los mares también se habla de otros tantos dioses. Esta multiplicidad politeísta no tendría nada de particular, si no fuera por la poderosa influencia que cada ser supremo ejerce a través de sus sacerdotes y sus ritos. La magia (o hechicería) no está del todo ausente de los mismos y es su característica común la sed de sangre y de sacrificios. También es notable la insistencia del narrador ante el estado de indefensión en que todas estas omnipotencias mantienen a sus adoradores. Mucho se reza a lo largo de la trama, pero la única respuesta a las peticiones es un despectivo silencio. Los hombres deben, entonces, desenvolverse sin esa protección que ansían, más que suponen, y en la que muchos ha tiempo que han dejado de creer.
No puede, sin embargo, el autor, sustraerse a la influencia judeo-cristiana que impera hoy por hoy en la cultura occidental. La costumbre de los Targaryen de contraer nupcias con sus hermanas, (tal como lo hicieran los egipcios y los incas, sin ir más lejos), es mirada por los demás personajes de la obra como bárbara y antinatural. El incesto consumado es esgrimido como un delito abominable que cuestiona la legitimidad del ascenso al trono y es visto como un gran pecado que debe expiarse pública y vergonzosamente, luego de haber sido confesado. La fornicación, cometida por una mujer, es motivo de oprobio y censura, mientras que los hombres de todas las condiciones mantienen impunemente relaciones con amantes y “esclavas de cama” sin que tal situación sea vista como reprochable. Pocas diferencias encontramos en este esquema, al compararlo con las costumbres de los antiguos patriarcas hebreos y con la “moderna” estructura social que impera en ciertas otras culturas que aun hoy, en pleno siglo XXI, tienen a las mujeres condenadas a un oprobioso sometimiento. Escapa del modelo la que llamamos “civilización occidental”, no porque el comportamiento masculino difiera en mucho de aquel descrito en la obra, sino porque las mujeres, a fuerza de lucha y no pocos desvelos han ido logrando una condición ligeramente más equitativa, aunque en medios como el nuestro todavía existen mentalidades retrógradas y retardatarias que, a la sombra de la Cruz, esa misma que cobijó la quema y la tortura de tantas “brujas”, hace apenas un par de siglos, todavía pretenden legislar respecto al derecho que les asiste a las representantes del sexo femenino para decidir sobre sus cuerpos y sus mentes.
La Trama:
Al igual que cualquier otro relato del Medioevo, los acontecimientos que se desarrollan en la saga giran alrededor del quehacer de reyes, reinas, caballeros y vasallos. Todo ocurre en un inmenso territorio, el Poniente, dividido en lo que el autor llama 7 reinos claramente diferenciados, cada uno de ellos con una familia feudal que obtiene el usufructo de las tierras y rinde pleitesía al rey. Pero la paz no es la característica predominante en estas latitudes. Las diversas casas riñen por el poder y aprovechan cualquier debilidad del soberano para “sacar las uñas” y dejar al descubierto sus ambiciones. Así, antes del inicio de la narración, los Baratheon promueven la rebelión contra la casa gobernante, los Targaryen y de manera cruenta se hacen con el trono. A partir de aquí se desarrolla un vendaval de acontecimientos en los que la guerra será el ingrediente predominante. Esgrimiendo el arma de la traición y el asesinato, los Lannister asumen el liderazgo, mientras las familias damnificadas se apartan y rumian su venganza.
Los hechos se enmarcan en un contexto dramático y el caos resultante da lugar a una contienda de enormes proporciones, en la que nadie está seguro. Por el contrario, personajes que el lector había identificado como eventuales protagonistas pierden la vida en circunstancias grotescas, mientras que otros logran su preeminencia a través de acciones deshonrosas y de una bajeza incalculable. Más allá del mar, una niña núbil es utilizada como objeto de comercio por su propio hermano y este acto desencadenará una serie de imprevisibles acontecimientos. Pero la esencia de la trama se centra en la recuperación del “Trono de Hierro”, donde se aposenta la real figura que, supuestamente, rige los destinos de ese inmenso territorio.
De forma simultánea, al norte se libra una batalla paralela contra unos enemigos tenebrosos, producto de las condiciones fantásticas que tienen lugar en este universo. Los guardianes de la seguridad del Reino son un conjunto de hombres condenados a este menester por diversas razones, muchas de las cuales tienen que ver con crímenes atroces o muestras de deslealtad al señor de turno. Al igual que los galeotes de nuestra historia lejana, tienen como único destino este servicio aciago que no promete otra cosa que eternas penalidades durante su vida, y una pronta muerte en enfrentamientos inevitables con unos adversarios humanos y otros no tanto. El frío permanente es su única compañía, puesto que un voto de celibato perpetuo aleja cualquier posibilidad de contacto femenino.
Así, de esta manera, transcurre la acción a lo largo de los cinco volúmenes de la serie que han visto la luz hasta ahora. Sabemos que habrá por lo menos otros dos tomos, seguramente igual de abultados, en los que, esperamos, comience a desenredarse esta extensa madeja de hechos y situaciones confusas. Puesto que la acción, hemos de decirlo, avanza lentamente y de un libro a otro se abren más y más frentes en los que una multiplicidad de individuos, unos conocidos y otros no, marchan al cumplimiento de objetivos no del todo definidos, impelidos por el deseo de satisfacer ansias mezquinas y personales, sin que importe el costo de pesar, muerte y destrucción que se ocasione a otros.
Los Personajes:
Una notable multiplicidad de gentes hace presencia a lo largo del desarrollo de la acción. El autor ha establecido un eje central de figuras que han logrado sobrevivir a lo largo de las cinco entregas de la saga. Como ya ha quedado establecido, vanos son los intentos del lector por localizar sus preferencias al lado de quienes parecerían ser los protagonistas de la obra. Oculta en las páginas acecha la muerte, que por lo general sucede de manera inesperada y que da al traste con cualquier consideración afectiva que hubiéramos podido construir. Existe, no obstante, un abanico de personajes que han ido trascendiendo de un volumen a otro y que parecieran destinados a ejercer una profunda influencia en el curso que hayan de tomar los acontecimientos. Pero todo ello está por verse, puesto que se han presentado otros individuos de los que habíamos pensado lo mismo, pero que sucumbieron en la tormenta que agita al Reino.
Cabe decir, sin embargo, que la caracterización que se hace de cada figura es poco menos que sobresaliente. Cada personaje de importancia nos es presentado en un todo que conlleva cualidades y defectos, descripción física, fortaleza o debilidad de carácter y las variadas maneras en que compensa con ciertos otros rasgos las características de que carece. Además, cada uno de los que asume un papel principal va evolucionando, va madurando, a medida que se desenvuelve la trama. De forma precisa se nos expone la incidencia que los hechos van teniendo en cada uno y cómo van cambiando en lo referente a personalidad, firmeza, expectativas y metas que se proponen. Esta transformación es uno de los elementos que determinan el curso de la vida de cada uno, cuando no se ve truncado por el puñal o la espada.
Sin embargo, no dejan de darse otros personajes con poca o ninguna evolución. Son figuras que mantienen una tipología fija y más bien estática, pero cuyo imponente y arrollador desenvolvimiento conlleva una influencia poderosa en los sucesos que tienen lugar. De esa manera, todos estos seres interactúan y dan cabida al caos que sienta su precedente a lo largo de la historia. Será cuestión de ver quiénes de todos ellos habrán de prevalecer finalmente y de qué manera su quehacer determinará las pautas esenciales del final de la trama.
La Verosimilitud:
Uno de los primordiales objetivos de un escritor es hacer que su historia resulte creíble. A este respecto se ha acuñado el concepto de “verosimilitud”, aplicable a obras de ficción que en mayor o menor medida se alejan de los parámetros normales de la realidad. La idea se aplica a un sinnúmero de aspectos, desde las pautas generales del contexto hasta las características y rasgos que distinguen a los personajes. Es imprescindible conducir la narración por una senda que resulte viable en términos de credibilidad y que, aún en los más extremos casos que nos plantea la ciencia ficción, por ejemplo, los acontecimientos y el resto de los diversos elementos narrativos eviten caer en el absurdo o el ridículo.
La verosimilitud se afinca en un principio fundamental, según el cual todo lo que integra la obra: la historia, los sucesos y las vidas de quienes los viven debe ajustarse de manera rigurosa a los términos generales del mundo narrativo que ha propuesto el autor desde el principio de su narración. Así las cosas, circunstancias que parecen salirse de lo racional, como el que dioses armados hasta los dientes luchen hombro a hombro junto a los esforzados héroes que asedian a Troya, o que un ser venido de un mundo extinto posea habilidades extraordinarias y dedique su existencia al servicio de la justicia en Metrópolis, pasan a ser creíbles dentro de los términos específicos de contexto que sus creadores han ofrecido.
La historia de Martin nos lleva a un mundo sin precedentes en el que seres humanos ordinarios se debaten en el pantano de sus propias existencias, muchas veces ruines o aparentemente carentes de sentido, realidad que debe ser compartida con entidades ominosas que, desde el inicio mismo del relato, hacen presencia ante los ojos del asombrado lector, que inicialmente no logra entender lo que ocurre. De esa misma manera, a medida que se va deshilvanando la historia, se hacen claras referencias a las figuras de los dragones, míticas criaturas que han poblado el folklor de numerosas culturas y que en este universo se muestran en todo su pavoroso esplendor.
Así las cosas, en medio de seres inconcebibles, de ciertos actos de magia o brujería, de sustancias con propiedades extrañas y de hombres comunes y corrientes dotados de rasgos pasmosos, se desenvuelve una trama en la que la principal protagonista parece ser la mezquina ambición que anida en lo profundo del corazón humano. Todo es posible en este contexto oscuro y tenebroso y el lector no tiene que hacer un gran esfuerzo para que su imaginación vuele a recónditas alturas, hasta sentirse como un personaje más, inmerso en el papel de observador y pendiente de hechos que suscitan emociones que van desde el simple asombro hasta el temor reverencial, en virtud del cúmulo de sucesos que tienen lugar a lo largo de la saga. Ha de decirse que todas y cada una de las situaciones que se narran, se hallan rigurosamente circunscritas al contexto propuesto por el autor. De esa manera, salir indemne de entre las llamas o ser devuelto a la vida después de un combate que ha tenido consecuencias mortales, no vienen a ser hechos tan absurdos en un mundo en el que un trasfondo prodigioso enmarca los sucesos que se van presentando.
Lo que ha de esperarse:
Múltiples sentimientos encontrados bullen en la mente del lector, una vez concluye la lectura del quinto volumen de la serie. Sucesos inesperados han tenido lugar, como también otros que llevamos aguardando desde mediados del tercer tomo todavía nos mantienen en vilo. La trama no es en absoluto predecible. Tan solo de una manera muy imprecisa puede alguien anticipar la suerte de algunos de los personajes, mientras que lo que ocurre a otros puede llegar a sorprendernos. Por esta causa resulta casi imposible adelantarse a los hechos a partir del esquema de acontecimientos que ha venido desenvolviéndose. Al ser tantos y tan variados los seres que pueblan el relato, cada uno de ellos con una agenda particular en la que objetivos más o menos claros y propósitos a veces innombrables se entremezclan de manera confusa, el lector no puede hacer otra cosa que deambular por la historia tratando de comprender el rumbo que esta va tomando. A estas alturas ya hay unos perfiles bastante claros, algunos de ellos establecidos a nivel familiar, como es el caso de los Lannister, pero cuál haya de ser el camino por el que vayan a discurrir los acontecimientos resulta imposible de determinar.
Pero un derecho que le asiste al lector es el de la conjetura. Y por la forma en que se ha venido planteando el proceso narrativo, además de la certeza (una de las pocas con que contamos) de que habrá por lo menos dos volúmenes más, bien podemos suponer que la madeja irá desenrollándose muy lentamente. Seguramente seremos testigos de algunos hechos de importancia que se desprenderán de ciertos sucesos más o menos inesperados, acaecidos en el quinto tomo. Sabemos que algo va a pasar, pero ignoramos el qué y el cómo. Aparte claro está, de la ya inminente llegada del invierno que, se presume, finalmente ocurrirá, si hemos de creer lo que insinúa el título de la sexta entrega, según lo que el autor nos ha dejado entrever.
Si tal estación es, como ha venido insinuándose a lo largo del relato, una enorme calamidad para el Reino, es de suponer que muchas cosas cambiarán en las vidas de quienes todavía subsisten a los avatares de esta contienda espeluznante. ¿Y qué ocurrirá en las Ciudades Libres? De lo poco que puede deducirse a partir de lo dicho hasta ahora, parece que esta región no sufre la invasión del frío. Pero la lucha allí también ha tomado ribetes dramáticos y cabe suponer que algo tendrá que pasar para sacar de su estancamiento a la narración de lo que sucede. Probablemente en algún momento las historias que hasta ahora han seguido senderos paralelos mostrarán la tendencia a juntarse. Imponentes y fieros personajes cruzarán sus caminos y es evidente que la confrontación será inevitable. Pero quién haya de ser el vencedor es algo que tan solo conoce el autor (o quizás ni él mismo lo haya establecido todavía) y nosotros deberemos esperar con ahínco la publicación del material faltante para enterarnos.
De todas maneras, quienes nos hemos convertido en fanáticos irrestrictos de esta obra tendremos todavía un relativamente amplio margen de tiempo para mantenernos sumergidos en el mundo fantástico de Martin, antes de que lleguemos a la página final y debamos afrontar el abrumador síndrome de pérdida, una vez encaremos el hecho incontrovertible de que la historia ha terminado. Nos quedará el recuerdo del impecable relato, de los sucesos inenarrables que nos sobrecogieron y el placer infinito de poder contar con escritores de la categoría de George Martin, con su capacidad para hacernos vibrar y despertar en nosotros toda suerte de emociones.